Esta es una carta a ti, de quien estoy enamorado. Que me haces palpitar el corazón con sólo recordar tu nombre recordar. Emergen sentimientos de culpa por dejar, tan siquiera un instante, de pensar en ti. Y sueño, y despierto, y al despertar me cabreo por no poder seguir soñando en tí. Me acerco en mi mente y te toco, noto fríos sudores, mientras nuestras manos se agarran suavemente. Ligeros roces que acarician nuestras palmas mientras jugamos con nuestros dedos dibujando abstractas formas, síntomas de nuestro amor. Y siento tu respirar, tu fatiga mientras me estremezco por mantener unos centímetros de distancia. Y siento el impulso de soltar nuestras manos y abrazarme como si fuera la última vez. Pasión del amor sentido hacia ti. Y sentir las mutuas palpitaciones de nuestros corazones. Marcar el ritmo de la acompasada unión. Sinfonía del amor profesado por los dos ¡Qué bella canción! Ritmo inequívoco de nuestro amor.
Todos los días, al despertar, me molesto por despertarme a la realidad y romper esa unión que la invisible distancia nos obliga a tener. Pero sueños, en el día, momentos de reflexión, me vuelven a encontrar contigo. Y vuelvo a añorar dulces paseos por la orilla del mar. Te toco en sueños y siento escalofríos por la lejanía.
Y siento tu latir en la lejanía incierta de un lejano destino. Ese que desconozco pero que aún así, no nos divide. Una lejanía que la unión de nuestro amor no la hace lejana, no la hace infranqueable.
Un susurro y me vuelvo, eres tú que con tus pupilas inertes en mis ojos haces saltar las lágrimas de felicidad para correr a tus brazos. Abrazo sufrido de sueños incorregibles.
Y los paseos de la playa que a cada paso, a cada beso nuestros labios sellan la confirmación de nuestro amor. Sello de un mutuo sentimiento mientras la luna nos ilumina en la arena figurada de un corazón. Descripción del amor y las olas, lentas e incorregibles, impasibles e imparables suben para borrarlo. Pero que bello es el amor que aunque el tiempo intente borrar sigue dibujándose en una lucha sin cuartel. Pero que siempre, si amor verdadero es, siempre ganará. Dos personas que luchan contra el tiempo y lo ganan. El tiempo que todo lo puede se rinde ante el amor, el único enemigo que no podrá doblegar.
Y nuestras manos unidas en esa playa mientras nuestros pies sellan autógrafos en la húmeda arena. Y las olas rompiendo en las cercanías se reverencian ante el paso de ese áurea que nos circunda y muestra un mutuo sentimiento que unidos por los dos, florece en algo llamado amor.
Rompen y con una exclamación se maravillan por un verdadero sentimiento. Sello de una amistad surgida del amor. Silencio que solo rompen las olas. Nos dejamos escuchar en el silencio de nuestras bocas. No hace falta hablar para comunicarnos y el silencio transmisor entre verdaderos hace de intérpretes entre los dos. Nuestros ojos que se observan y admiran lo que de frente ven. Un amor correspondido y mutuo que lucha contra todo.
Y por último, que bonito todo, si todo esto fuera real y no un sueño. Un sueño del que estoy enamorado y no es real. Que pena, estar enamorado y ser todo irreal. Y despertar por las mañanas y la soledad invadirme. Y que penoso ser como soy. Y ahora que fechas señaladas a la puerta llaman, no hago sino llevar en el silencio de mi amargura por no poder compartir todo el amor, que envasado se conserva sin saber cuanto tiempo aguantará. Sin saber si se conformará con lo primero.