Navidad
Hoy me he puesto a escuchar algunos villancicos, y las lágrimas han empezado a emerger. Me traen recuerdos lindos, bellos y añorados. Recuerdo esas navidades pasadas, esas que de niño serían una bellísima rutina. Que aunque por cuestiones económicas los regalos pasaban algunas veces de largo, aún así, que gratos recuerdos me traen. Recuerdo el día que se empezaba a adornar la casa. Como mis padres sacaban las cajas y las ponían en las mesas y mi hermano y yo sacábamos todo para ver lo que había, como si se hubieran reproducidos de una año para otro. Y los villancicos de fondo mientras mi madre adornaba el árbol y mi padre hacía el Belén. Ahora con los años recuerdo, con gran pesar, como ha cambiado todo, y la poca ilusión que me trae la Navidad en estos momentos. Y la poquísimas ganas con la que la afronto. En estos momentos en los que mi familia no tiene ni siquiera libre ni un solo día de las fiestas. En los que no sabemos si en nochebuena alguien estará en la carretera en vez de estar todos juntos. En estos que en lo que no este en mi casa y los pase en mi casa solo, solo, solo…
Y lejos de mi tierra, en la que a lo mejor parece que es todo consumismo pero que los múltiples adornos hacen que sea todo más bello. Y salir ese día 24 por la tarde para tomar una copa antes de ir a cenar con la familia, último momento para nosotros en ese día. Y en esos días para ir donde más nos gustaba ir en estas fechas, el centro, y nuestros bocatas de calamares en aquella minúscula calle. Y ver la Plaza Mayor con sus casetas y adornos y los niños jugando y echando espuma a todo el que se ponga a su paso. E ir al famoso mural de centro comercial aquel, que aunque niño no sea, me trae buenos recuerdos. Y cuando no cenábamos en Nochebuena en casa y nos ibamos con mi abuela y mi familia a celebrarlo, y ver a mis primos, a los que solamente una vez al año veia. Y si lo celebrábamos en el pueblo, salir después de la cena los primos a tomar algo a los bares, y el olor característico aquel, ese de las chimeneas humeantes.
Recuerdo todo aquello y no dudo en pensar que siempre estoy recordando el pasado, o imaginándome un futuro mejor. Y ante todo me pregunto, ¿He madurado?. Lo cual, después de estas palabras creo que queda en entredicho.
Añoro el pasado y deseo el futuro.
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