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Pensamientos, sentimientos y demás historias

Y ahora que todos han acudido a la llamada de Morfeo, invade mi soledad la tristeza de no tener el deseo de esperar. Ahora que todos duermen y mi compañía es mi sombra que me persigue para decirme que ante ella solo estoy. Y son pensamientos de amargura, no de desasosiego pero si de sentimientos que me invaden en momentos dispares y dejan que la tristeza se aferre a mí. Y pienso que triste es no tener la esperanza de una llamada, de una sonrisa, de un mensaje y mis únicos deseos son el que algo rompa mi monotonía. Y aunque sé que no tengo razón para pensar así, no puedo sino decaer sin otro sentido que el esperar un futuro mejor. Y esa esperanza, creo yo, es la que me hace pensar. Y esa es la que me hace imaginar que algo mejor puede haber, y sueño con esos momentos que no poseo, pero que alguna vez sé que tendré que tener. Sufro porque siento y siento porque tengo esperanza y aunque la gente no comprenda que una recaída, un mal momento, una bajada de ilusión en un día concreto, es un síntoma de esperanza. Son solo nostalgias de sucesos no reproducidos por la realidad pero grabados, en fuego de pasión, en mi corazón.
Y siento que eso sucede y que no puedo alcanzar, y hierve mi mente porque la sola persona de mi ser no puede recrear sola lo que quiero sentir. Y siento algo, y tengo en mente lo que quiero. Claro, y sin discusión sé lo que quiero sentir, ese dolor intenso que se siente al amar. Y quiero a esa persona que en la cercana distancia sé que esta ahí. Y ejemplo de estas personas que en mi mente siempre se muestran la encontré pero como en una cárcel, en la que me encuentro, no podré alcanzar. Espero pronto sienta esos dolores que en la lejanía de las distancias me hagan sentir que lejos me encuentro, pero dentro de su corazón me hallo.
Solo veo, sin poder evitar, que tengo miedo, un horroroso miedo a no poder sentir. Aunque alguno se alegraría, no puedo, dejar de pensar que no pueda volver a sentir, a sufrir por una persona. Y tras la separación, descubrí cosas que no había experimentado hacía años, otras nunca. La amistad vino cuando más la necesitaba y eso se lo tengo que agradecer a la vida. Fue, aunque no lo apreciara entonces, como un cabo salvador en la mar. Y lo aprecio porque sin ella no sé si sería lo que hoy soy. Una persona con esperanzas, con ilusiones, con ganas de vivir y que espera de la vida lo que antes solo en sueños creía que se quedarían. Y aunque me veáis como alguien pesimista os aseguro que lo más negro de mi vida es dejar de soñar y eso no ocurrirá. La otra cosa que aprendí es a llorar. Aunque nadie pueda creerlo yo nunca había llorado de emoción, por sentir y si algo he conseguido es a sentir esa amarga dulzura de llorar por sentir. Y todas estas lágrimas han sido por sufrir de sentimientos, no me imagino lo felices que serán aquellas de sufrimiento por amor. Y he tenido, tengo que reconocerlo, lágrimas por alegrías, pero no mías. Aunque no os lo podáis creer, siento una alegría indescriptible por las cosas que os pasan. Sólo el pensar que alguien se pueda comprometer para toda la vida con alguien, y esas dos personas estén siempre en tu pensamiento, es suficiente para en la solitaria cama, cuando el sol dormita y las almas vagan a sus anchas se deslicen esas delatoras que sirven para sentir lo bueno y lo malo.  

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